TE-AMO-PLANETA [Temas Estratégicos: Ambiente, Masculinidades, Organizaciones] - Segunda entrega


Paradigma Patriarcal dominante, puntos de inflexión del planeta[1]:

¿Qué pasará con la empresa?


Provocar, inquietar e invitar a la reflexión permanente; serena, sensata, sobre las posibilidades de renovación y actualización de un modelo de producción que pone al planeta en condiciones significativamente irreversibles, es la primera intención de este documento. La segunda, cuestionarnos sobre el tipo de transformación que requerirá en este panorama ese estado de cosas que hemos venido llamando los dos últimos siglos “empresa”. En especial la que desde mediados del siglo XX se constituyó para hacer y apoyar esa dinámica que desde entonces se llamó cultura organizacional y que hoy tiene diversos lugares de enunciación- gestión del conocimiento, gestión del tiempo y gestión cultural, entre otras.


Y la última intención, empezar a pensar y actuar sin seudo intelectualismos, trampas, ni odios, en cuál sería la combinación de estrategias más razonables e incluyentes para continuar nuestro destino como seres planetarios; ciudadanos del mundo, responsables de la vida y los recursos que el sistema tierra posee, sin hacer-nos y hacer-les más daño. Cada vez más, nos acercamos a los puntos de inflexión harto mencionados y fundamentados por biólogos y ecólogos sobre los cuales el cambio climático que estamos padeciendo, no deja duda algunaen que la afectación por completo a la vida como la conocemos, supondrá un desafío incalculable, al que como protagonistas de todo esto no podremos escabullir.


Así como tampoco existe duda que las corporaciones dueñas de la producción, explotación y comercialización del petróleo y carbón, principalmente, no van a prescindir de estos y, por tanto, evitar las emisiones antes de 2050, tampoco hay duda que la temperatura ya está 1,1ºC por encima de la que se registraba en la época preindustrial, así que es probable que la Tierra cruce la barrera de los 1,5°C en 2040. Estas circunstancias afectarán el modelo de producción vigente y, por tanto, la vida de todo lo que habita el planeta tierra.


¿Seguiremos llamando así a las formas de convivir y relacionarnos con la tierra y el trabajo, en un futuro próximo? ¿Modelos de producción? ¿Producción de qué y cómo; ¿Para quién? De ser así: ¿Cuál será esa idea o dinámica de producción que deberá asumirse? ¿Perderá aún más su valor intrínseco la vida y seguirá ganando terreno la pobreza y exclusión de miles de millones de seres humanos, paralelo a la destrucción de la biodiversidad?


¿Qué podrá ser en ese contexto, la oferta y demanda de bienes y servicios? ¿Estaremos a tiempo de transformar- como ya se está viendo- esa visión de la ciencia, la tecnología y el desarrollo, basado en el productivismo sin límites? ¿Cambiarán estas dinámicas y estas leyes del mercado aparentemente libre, o seguirán los responsables poniendo en peligro la vida de todos, incluso, la de ellos mismos al ser quienes detentan y deciden estas transformaciones?


¿Qué sucederá con los llamados modelos de negocios que tienen por objeto proveer servicios y bienes relacionados con la gestión del conocimiento y la transformación cultural? -el cambio cultural- y que actuaban dentro de un paradigma, hasta hace poco, aparentemente seguro, fiable y rentable? ¿Deberán cambiar sus relaciones, finalidad? Incluso: ¿el objeto a desarrollar? Estamos todos atrapados, por simple ubicación geoespacial, en un mismo planeta; en un mismo sistema, insalvablemente interconectado.


Vivimos en un mundo donde las condiciones para realizar empresa; esto es, constituirse como un tipo de sociedad, asociación u organización, cada vez requerirá mayor imaginación, conocimiento de las circunstancias del sistema tierra, así como de las características socioeconómicas de los territorios y las personas. Estaremos dispuestos a transformar-nos o a perecer dentro de una racionalidad que fenece. Ese es el dilema.


Actualizarse en términos de digitalización y conectividad no basta[2]. Hacer clic en nuestro smartphone y enterarse superficialmente cómo están los mercados, en cualquier región de China, Asia, África, Latinoamérica, Australia o la actual Federación Rusa, no será suficiente. Incluso, el debilitamiento o caída del poder real y simbólico de los servicios estratégicos de salud, justicia y transporte, que proveían los llamados Estados-Nación, y que desde hace varias décadas lo sustituyeron organizaciones diversas de origen privado, muestra un camino sin accesos, ni reversa para quienes no pertenecen a los círculos privilegiados o grupos de beneficiarios y poder predefinidos.


Gústenos o no, claramente, durante los tres últimos siglos, ha imperado una visión estructural y estructuralista de la forma en que debía desarrollarse[3] el ser humano. Una visión que sólo veía al planeta como un objeto de depredación y dominación sin límite; desde “arriba” -élites académicas, empresariales, gremiales, militares- que sabiamente dirigirían los destinos de los de “abajo”; que fundamentó en occidente un tipo de ciencia, tecnología y desarrollo apalancado y justificado en el paradigma racional moderno productivista, que nos arrojó a la encrucijada en la que nos encontramos como especie dentro del sistema tierra.


Justificó la depredación, el consumismo, la competencia, el extractivismo sin límites, el abuso de los sistemas financieros, el uso de combustibles fósiles y la imposición de formas de ejercicio del poder y convivencia, donde el destino de los seres humanos, estaba supeditado a los dictados y objetivos de esa racionalidad y visión. Una racionalidad hegemónica, dominante y mayoritariamente patriarcal; excluyente.


Un doloroso ejemplo: en la última década, algunos de los casos más dramáticos de resistencia y justicia socioambiental en el mundo se han presentado en América latina[4], debatiéndose entre diversas vertientes y miradas polarizantes, como los estudios emergentes de la “economía ecológica” y/o “ecología política” que proponían y proponen -dependiendo el tipo de dinámica económica a resguardar- cuáles métodos y procedimientos, serían los menos nocivos, o con menor impacto negativo sobre poblaciones y territorios. Los países de la región son objeto de diversas explotaciones; ganadería extensiva, monocultivos, degradación de sus suelos, apropiación y contaminación de las fuentes de agua potable, desplazamientos de campesinos, población afrodescendiente y población nativa (Colombia) en medio de interminables discusiones que, al margen de la opinión erudita de algunas organizaciones, academia y asesorías especializadas, en muy poco inciden o cambian la afectación sistemática a la vida y a la convivencia de la región.


Siguen elaborándose documentos importantes cuya pretensión explicativa, no justifica la tragedia de esta autodestrucción y suicidio colectivo inducido; y que, con intensiones convergentes, persisten en conciliar teóricamente lo irreconciliable pragmáticamente. Cito un ejemplo. El documento elaborado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales CLACSO, es ilustrativo de lo que está sucediendo en la gran mayoría de países de la región, a propósito de los modelos de producción y las posibles soluciones o salidas a estas situaciones, bien sea desde la llamada ecología política, la economía ecológica crítica y/o lo que aún se viene denominando ecología marxista. Todo esto nos recuerda la paradoja que puede significar, tomar una decisión equivocada.


Se reconoce que la economía ecológica aglutina una diversidad de visiones, desde aquellas más cercanas a la economía ambiental (o la que asume que es posible el intercambio equivalente de capital natural a capital económico y, por tanto, que el mercado es el mejor mecanismo de distribución y preservación de los recursos), como aquellas cercanas a visiones más ingenieriles o aquellas sociopolíticamente críticas, aunque no necesariamente marxistas. En este sentido, sobre todo desde la academia latinoamericana, se ha señalado que tal amplitud de espectros torna difusa la identidad de la economía ecológica. Otros presumen que tal diversidad, por el contrario, permite que las visiones críticas sean más complejas en el sentido Kuhniano (que comprendan e incluyan el paradigma predecesor) [5].


Este robusto documento, es un ejemplo más, entre otros cientos que se han producido en la región la última década, que nos presenta trece (13) casos vigentes en poblaciones y territorios de Chile, México, Argentina y Colombia principalmente. Son “casos” asociados a la actividad minera energética; al uso y usufructo del agua; explotación de bosques y expansión de monocultivos como la palma africana para la producción de biodiesel. Y si bien, los textos que exponen estas situaciones, no son representativos de la diversidad y complejidad de la ecología política de los recursos naturales de la región, si dan cuenta de la situación que están viviendo seres humanos concretos, en territorios específicos de esta parte del planeta y que se presentan como gigantes problemas, premonitores, de lo que ya es la avanzada en Latinoamérica de esa visión y racionalidad dominante, que nos lleva a los puntos de inflexión mencionados. Somos vistos como una gran despensa, una vitrina multivariada de productos que las corporaciones internacionales extractivistas, de alimentos, semillas y transporte, entre otras, están dispuestas a adueñarse, cueste lo que cueste y pase lo que pase.


Racionalidad que insiste en que las economías latinoamericanas sigan dependiendo dentro de la economía mundial, como países productores de bienes primarios. Este modelo neo-extractivista sigue insistiendo en la apropiación de tierras y expulsión o desplazamiento de comunidades rurales, criminalizando y reprimiendo las resistencias sociales por disputas territoriales en torno a esa gran asimetría de poder generada y anclada en los dispositivos culturales.


Desde luego que la creación de zonas de conservación, parques naturales, turismo ecológico y reservorios de todo tipo en Latinoamérica, también se adelanta paralelo al sombrío leviatán del desarrollo sostenible. Sin embargo, no es suficiente; es más rápido el avance de la racionalidad patriarcal dominante y su injustificada depredación. Los proyectos de energía eólica, solar e incluso nuclear, están sujetos a las grandes decisiones de las corporaciones que juegan en los dos bandos. Poco será posible estructuralmente, si no cambia la mentalidad; la cultura, los dispositivos que justifican la supremacía de esa visión de la ciencia, la tecnología y el desarrollo, basado en el paradigma racional moderno fragmentado, patriarcal y productivista que unos pocos dirigen.


Hablamos de un tipo de mentalidad de un grupo reducido de seres humanos que tiene el poder para tomar estas decisiones; hablamos del 7% de la población; a lo sumo del 10% de la población del planeta, poseedora de los grandes capitales, grandes corporaciones y territorios. La estrategia de educar y transformar, desde abajo hacia arriba, de nada sirve si no cambian también los dispositivos culturales de arriba hacia abajo. Si en la cúspide del desafortunado esquema racional patriarcal contemporáneo, el ser humano poderoso e influyente; el ser humano concreto que toma decisiones, sigue justificándose en la sombra de la depredación y sigue siendo profundamente individualista, dominante y excluyente.


En ese panorama, ¿Qué empresas subsistirán? ¿Cómo redefinirán sus modelos de negocio en un mundo donde un tipo de producción, -que ha beneficiado a unos pocos- se agota o está en una profunda crisis y generando los problemas al sistema tierra mencionados? ¿Bajo qué parámetros de relacionamiento entre ser humano, tierra, trabajo, beneficio, se reinventará la empresa y la convivencia? ¿Qué será el “mercado”, ante la disyuntiva que presenta el agotamiento de ciertos recursos, bienes y servicios?


Esquirla final:


Debemos ser más que osados. El tiempo se agota. Atrevernos a mirar otras perspectivas, sin temores, sin viejas prevenciones. Sin duda, el paradigma que vivimos pareciera llevarnos indefectiblemente hacia la autodestrucción del planeta (Antropoceno) y lo que en él vive. Es claro igualmente que la visión desde la ecología política contemporánea nos ofrece herramientas para cuestionar la sostenibilidad del paradigma del desarrollo productivista- hegemónico, patriarcal- y propende por entender que las consecuencias del deterioro ambiental son cada vez más, distribuidas de manera desigual entre los distintos sectores de la sociedad. Eso ya lo sabemos. ¿pero cuál es la solución creativa e incluyente?


El marxismo ecológico, nos ofrece una mirada para comprender las condiciones y características del modo de producción capitalista como una lógica de maximización de la ganancia, la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado; así como su vinculación con las condiciones concretas generadas por la crisis económica y la depredación del medioambiente. Es una herramienta sistémica más, que nos ayuda a comprender y a develar con profundidad las causas, razones y posibles salidas a esta situación. El ecosocialismo[6], por su parte, ancla su filosofía en un marxismo renovado, actualizado, que pretende despojarse de su pasado productivista para cuestionar el ideal mismo del desarrollo. Y en su lugar, propone la filosofía del sumak kausay (el buen vivir), que construye una nueva ética de convivencia entre producción, consumo y naturaleza. ¿Serán esas nuevas relaciones las que determinen el tipo de vida y empresa a crear?


Por lo pronto, la supervivencia de la vida en el planeta, y de la humanidad en particular, está en principio en gran contradicción con el capitalismo salvaje y el productivismo que estructuralmente están justificados en el racionalismo moderno y culturalmente en el patriarcado hegemónico dominante. Salgamos del segundo legado negativo de la cultura occidental: el miedo, la arrogancia y la ignorancia. De lo contrario, seguirán ese pequeño porcentaje de “seres humanos”, decidiendo el destino de todos los demás seres vivos del planeta. Y la empresa, como muestra de la creatividad infinita y la capacidad de organización del ser humano, está llamada a reeditarse acorde con las circunstancias que propone el presente y el diagnóstico del sistema tierra.

***


[1]“Hace ya dos décadas, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) alertó que algunos puntos de inflexión desencadenarían una situación catastrófica para el planeta. Si ocurrían determinados eventos, como la pérdida de la capa de hielo de la Antártida Occidental o la desaparición de la selva amazónica, se desataría una cascada de consecuencias irreversibles que, como fichas de dominó que van cayendo, comprometerían en gran medida nuestra civilización y la vida tal y como la conocemos en el planeta.” (…) "Es posible que ya hayamos cruzado el umbral para una cascada de puntos de inflexión interrelacionados”, reconoce Lenton. Aun así, “la velocidad a la que progresan y, por lo tanto, el riesgo que plantean, puede reducirse reduciendo nuestras emisiones". En ese sentido, los científicos critican que ciertas decisiones sobre el futuro del clima se basan en análisis económicos sobre costes y beneficios: Necesitamos cambiar nuestro enfoque del problema climático, aseguran”. https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2019-11-27/cambio-climatico-cop25-clima-greta-thunberg_2354971/ [2] Ver artículo sobre las profesiones del futuro en el Blog de SECREE.

[3] “Desarrollo”: El significado y sentido de esta voz-acción, ha estado sometido a los contextos y paradigmas de actuación de la cultura occidental que se inscriben en una perspectiva lineal, cronológica, hija del racionalismo moderno y que emerge, profundamente, de la perspectiva patriarcal y masculina dominante. Ver: BOURDIEU. Pierre. La Dominación Masculina. Editorial Anagrama S. A. Barcelona. 2000. http://www.nomasviolenciacontramujeres.cl/wp-content/uploads/2015/09/Bondiu-Pierre-la-dominacion-masculina.pdf

[4] Ecología política del extractivismo en América Latina: casos de resistencia y justicia socio-ambiental / Eduardo Mondaca ... [et.al.]; Coordinado por Gian Carlo Delgado Ramos. - 1ªed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO, 2013. E-Book. ISBN 978-987-1891-61-0 1. Sociología. I. Moncada, Eduardo II. Delgado Ramos, Gian Carlo, adapt. CDD 306. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/posgrados/20131218030905/EcologiaPolitica.pdf

[5]Óp. Pág. 11

[6]LÖWY. Michel. CRISTIANISMO DE LIBERACIÓN. Perspectivas marxistas y ecosocialistas. El viejo Topo. https://tienda.elviejotopo.com/sociedad/3111-cristianismo-de-liberacion-9788417700140.html?search_query=cristianismo&results=2

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